lunes, 16 de febrero de 2009

La conquista de Vitoria Gasteiz


José Luis Orella Unzué -

Hacía cincuenta años que Alfonso VIII había puesto sitio durante el otoño de 1199 con su ejército a la ciudad navarra de Vitoria-Gasteiz y tras tres meses de asedio la había conquistado a sangre y fuego cuando en 1256 Alfonso X el Sabio, marcaba con la fun- dación de villas burguesas el camino del río Oria como salida natural de las lanas castellanas hacia los puertos atlánticos.

Bien es verdad que a consecuencia de este hecho de armas al comienzo del año 1200 obtuvo y adquirió las ciudades y castillos de la tenencia navarra de Gipuzkoa que a partir de ese momento pasó a la órbita política castellana.

Según la primera historia de Hispania titulada “De rebus Hispaniae” y escrita por el navarro de familia y nacimiento, el arzobispo de Toledo Ximenez de Rada, el rey Alfonso VIII ganaba en esta operación militar además de Vitoria, Ibida y Alava, los castillos de Zeguiategi, Aizcorroz, Aslucea, Arzorocia, Vitoria la Vieja, Marañón, Ausa, Atavit, Irurita y San Vicente junto con Gipuzkoa y su primera capital Getaria y las villas burguesas y libres, asentadas en territorio vascón de San Sebastián y Fuenterrabía.

Tanto el victorioso Alfonso VIII como el derrotado Sancho VII el Fuerte se dedicaron, a partir del año 1200, a asentar y fortificar la frontera común a ambos reinos que se convirtió en frontera de malhechores. El rey navarro estabilizó la nueva frontera fortificando una primera línea de castillos con Buradón, Toloño, Herrera, Toro, Marañón, Punicastro, Monjardín, Lana y Orzorroz. Por su parte los reyes castellanos ­olvidados los desvaríos testamentarios de Alfonso VIII o los fracasados intentos matrimoniales de Fernando III, ambos a dos proyectos de devolución a los navarros de los territorios conquistados­, pensaron también en fortalecer la frontera. Y en este intento de armar la nueva frontera de los malhechores contra Navarra hay que situar el proyecto de fundación de villas burguesas de Alfonso X el Sabio en 1256.

Ya desde la conquista de Vitoria-Gasteiz que había supuesto en la villa la destrucción de la muralla Alfonso VIII quiso recompensar a la ciudad y hacer olvidar a los vitorianos los sinsabores del asedio y destrucción. Pensó en la construcción de la nueva catedral de Santa María para lo que tenía que aprovechar el terreno de las murallas y ampliar el espacio de la colina para dar amplitud a la futura iglesia, aunque dejara a la cabecera de la misma mal asentada en un terreno de relleno.

Los reyes sucesivos quisieron seguir favoreciendo a Vitoria-Gasteiz y a Alfonso X se le ocurrió en 1256 convertirla en silo de almacenamiento y en centro de distribución de las lanas del futuro “Honrado Concejo de la Mesta” que ya era una realidad económica antigua pero que se iba a formalizar jurídicamente años después.

Y en esta operación de exportación hacia las ciudades manufactureras en Flandes de la lana que en ese momento era la materia prima más cotizada del momento, no se le ocurrió al rey sabio otra cosa que aprovecharse de las condiciones económicas, jurídicas y urbanísticas que se derivaban de la asignación de una familia de fueros urbanos cuya cabeza fuera Vitoria.

Y así hizo a Vitoria-Gasteiz cabeza de la familia de fueros que iba a extenderse por todo el interior de la Tierra Llana guipuzcoana para trazar unas rutas y caminos de exportación. Y de paso con esta fundación de islotes jurídicos de realengo le arrebata tierras y habitantes a los Parientes mayores que con sus ferrerías y agricultura controlaban la región. Y en concreto aprovechó la calzada romana que atraviesa la llanada alavesa para al comienzo de La Barranca fundar la villa de Salvatierra de Alava en 1256. Desde Salvatierra, abandonando el trazado de la calzada romana de Astorga a Burdeos que caía en manos navarras, el rey se acogió al camino que utilizaban tanto el obispo de Bayona cuando hacia su visita pastoral y reclamaba que su diócesis se extendía hasta el ermita y el túnel de San Adrián así como los peregrinos que se dirigían a Santiago por el ramal guipuzcoano para así llegar al poblado de Segura a la que (aunque no se conserve el documento original y por tanto el nombre euskérico primitivo) le concedió el fuero de población en 1256.

Sucesivamente y siguiendo el camino marcado por el río Oria y a una jornada de camino de Segura fundó otra villa burguesa en Villafranca de Ordizia, para seguir luego la misma ruta fluvial y en el mismo año 1256 fundar otra tercera villa en Tolosa y sucesivamente abrir los caminos y puertos de la mar a la lana castellana llegando por Hernani al puerto de Pasajes, controlado por la villa libre de San Sebastián o caminando hasta la villa igualmente libre de Fuenterrabía, siendo así que ambas villas, fundadas por los reyes navarros, estaban fuera de la demarcación guipuzcoana.

Por lo tanto, rememoramos la fundación de las villas burguesas del Oria que recibieron el fuero de Vitoria-Gasteiz porque fueron comerciantes vitorianos los emprendedores económicos de estas fundaciones, así como vitorianos fueron los que impusieron a las nuevas villas el fuero vitoriano que asumía el antiguo poblamiento existente y que venía recogido con su nombre euskérico primitivo y que en consecuencia no admitía la duplicidad de hábitats o «populatum» que se hubiera dado de haber recibido el fuero de Jaca (Lizarra-Estella; El Antiguo-San Sebastián; Astubiaga-Fuenterrabía; Asquizu-Guetaria; Oyarzun-Rentería, etc.). Por lo tanto los reyes de Castilla premiaban a la castigada Vitoria-Gasteiz con un centro económico y jurídico de las villas del Oria, que verían pasar a través de sus caminos carretiles los fardos de lana castellana que iban camino de los puertos marítimos de exportación hacia las rutas de Flandes.

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