jueves, 24 de septiembre de 2009

Adios mi España querida

Good Bye Spain
Pese al continuo choque frontal que han supuesto estos cientos de años, de convivencia con la cultura española, vamos a intentar moderar nuestros razonamientos, en señal de corrección en las frases y modos de llevar a cabo nuestra revolución político-cultural.

Vamos a aceptar todos los hechos penosos acaecidos en nuestra historia, para guardarlos
eso si ,en la historia, e iniciar un punto de inflexión que nos lleve hacia el respeto mutuo entre nuestros pueblos durante los próximos siglos.

El respeto que puede exigir el estado español debe ser igualmente devuelto en forma de respeto. La justicia, los derechos humanos, la libertad, la democracia todos los valores que sustentan el estado de derecho, deben ser respetados.
En estos términos tan cacareados por los tertulianos, políticos y parlamentarios, nos movemos nosotros también y son están las razones que nos impulsan, a luchar por conseguir tener nosotros también, un estado que defienda los derechos del pueblo vasco, que nos dé libertad, democracia, bienestar, derechos, obligaciones y que sea justo.

Son los valores que a lo largo de la historia hicieron perdurar en el tiempo, al pueblo vasco. Antes de que la palabra democracia existiera, ya nuestros antepasados la ejercían. El bien común, escaso en nuestra época, fue lo que les permitió sobrevivir al paso de la historia. La unidad, la organización, el trabajo en equipo, entre valles, aldeas, comarcas, concejos, permitió que la cultura milenaria vasca sobreviviera.

Este carácter de unidad y organización ha traspasado el tiempo y ha llegado a nuestros días. En toda Nabarra TODO tiene una asociación, todo el mundo está directa o indirectamente relacionado con algún tipo de asociación, los vascos nos asociamos hasta para comer.
Este asociacionismo, esta intrínsecamente ligado incluso entre los descendientes de emigrantes de otros pueblos de España. Todos los hijos de emigrantes de los años 60, están en este sentido totalmente integrados en la cultura vasca. Lo han mamado desde niños y eso que muchos de nosotros, crecimos en la educación franquista y española, pero pese a ello, desde niños conocimos algún tipo de asociación que nos llevará a trabajar en equipo, en grupo.
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Muchos hijos de emigrantes españoles, a la hora de decantar su voto en las elecciones vasco-navarras, lo inclinan siempre hacia posturas españolas (PSOE-PP-UPN) declarándose vasco-españoles, hasta aquí respeto, pero cuando viajan a los pueblos de sus padres durante vacaciones, se percatan que son extraños en su pretendida tierra

Las conversaciones con sus familiares del pueblo, muchas veces terminan en discusiones y el defensor de España en el País Vasco, se convierte en el defensor del País Vasco en España, pura pura contradicción. La relación de desastres organizativos que percibimos en esos pueblos y el intentar entender el pensamiento del sus habitantes, nos resulta imposible y llegamos a un punto de desesperación tal que de rabia, renunciamos y proclamamos no volver a respirar del rancio aire que hay en algunos pueblos de Dios, o del Marques o del Concejal.
Pero cuando cruzamos Pancorbo y volvemos a entrar en tierras del antiguo Reino de Navarra, la contradicción se contradice y vuelve el ilógico espíritu de ser vasco-español.

El paso en la historia que deben dar ya, muchos hijos de emigrantes, andaluces, castellanos, gallegos, asturianos etc. ha llegado. Lo único que nos ata y nos une a esos pueblos de España, es la vida de nuestros padres, nosotros nacimos aquí, vivimos aquí, trabajamos aquí, actuamos como los de aquí, pensamos como los de aquí, luchamos por los de aquí, porque somos de aquí. Del pueblo nos quedan los recuerdos de la niñez pero muy poca, cada vez menos realidad.

El cariño hacia lo español es heredad y emocionalmente lógico, pero el futuro, que pasa por unirnos para poder sobrevivir a los tiempos que se avecinan, ya no está en el pueblo de nuestros padres sino que está aquí, en esta tierra, junto al pueblo más antiguo de Europa, los vascos. El trabajo y el esfuerzo por sobrevivir nos hace ser propietarios también de esta tierra y como tales dueños, el presente y el futuro de nuestros hijos nos obliga a defenderla.

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