jueves, 11 de febrero de 2010

Contestaciones a Euskaldun bat

“ Euskaldun bat” dejo escrito en nuestro blog lo siguiente ;

“Me parece increible que se reclame un estado navarro cuando nadie lo busca y que se hable de Euskal Herria traduciéndolo como "pueblo vasco", ya bastantes problemas tenemos con los unionistas españoles o franceses para conseguir un estado vasco unificado, para que encima liemos más el panorama, y dividamos a los vascos en vez de unirlos.”

“ Más os valdría a los navarros de Nabarralde y a los de este blog, que en vez de inventaros estados navarros con los que nadie se siente identificado, dirigir vuestra labor en luchar contra las falsedades de UPN-PP-PSN y toda la historia navarra que han reinventado desde la transición, inventándose un imaginario constitucionalista en la que lo vasco, supuestamente, es algo anecdótico en la historia de Navarra, cuando el mismo nombre de Navarra es un nombre vasco (significa "la gran llanura próxima a las montañas"

"En luchar contra todo esto es en lo que tenéis que gastar vuestro tiempo y vuestra energía, y no desperdiciarlo en inventaros estados navarros con los que nadie se siente identificado".
¡Aprovechad mejor vuestro tiempo, que hay mucho por hacer!

“Arabako Nafarroarra bat” le contesta

Como dejo escrito Joxean Artze en un poema de su libro “Laino guzien azpitik…” publicado en 1973, que constituye la base literaria del “Lekeitio 4” de Mikel Laboa, “etsaia sotoan/eta gu, astazakilok/atzeko atea hesten/harrapatzen gaituzte beti”. Lo traduzco, a pesar de que a “Euskaldun bat” no le haga falta. “El enemigo en la bodega y nosotros, zopencos, cerrando la puerta de atrás, siempre nos sorprenden”. Lekeitio 4 trata sobre la historia de Navarra, vista desde el presente y este fragmento comenta el Canto de Bereterretxe.

Joxean Artze, “Hartzabal”, además de poeta, que ya es bastante, es promotor de Nabarralde. Él y yo ya somos dos, lo cual desmiente la afirmación del autodenominado “Euskaldun bat” de que, transcribo, “me parece increible que se reclame un estado navarro cuando nadie lo busca”. Dos ya es más que nadie.

“Euskaldun bat”, de regreso del túnel del tiempo, supongo, afirma que “aunque actualmente herria significa pueblo antiguamente significaba tierra”. Falso, antiguamente y hoy en día “herria” significa pueblo en su acepción conjunta de gente y territorio. Es el colectivo humano y su asentamiento. Tierra se ha dicho siempre “lurra”, si está habitada es “herria”. De la misma manera, en lengua inglesa “country” es país, pueblo o patria, pero tiembién tierra o campo. A mi juicio, la mejor traducción que podemos dar a Euskal Herria desde el siglo XXI es la de Nación Vasca, es decir el colectivo de todos aquellos que se reconocen como vascos. ¿Quiénes son los vascos? He ahí un buen tema de discusión que dejaremos para otro día. Como adelanto, afirmo que, en mi opinión, vascos son los que se reconocen en el colectivo denominado Euskal Herria. Como sabemos hay quienes se autodenominan vascos y no admiten el término Euskal Herria. Por ahí iría la cosa.

Cuando los romanos llegaron a estas tierras se encontraron con que estaban habitadas y con que sus pobladores se llamaban a sí mismos “euskaldun”. Escrito de oídas quedó VASCON, en plural VASCONES, que se pronuncia uascon, ya que los latinos escribían todo en mayúsculas y la V consonántica aún no se había inventado. A los grupos que encontraron al norte de los Pirineos los llamaron uasci, pronunciado uaski, luego en latín vulgar auschi, de dónde la actual ciudad de Auch, capital historica de Gascuña, en el actual departamento de Gers. Al sur de los Pirineos la evolución fue similar. De eusko se pasó a osko y Oska, la actual Huesca, que fue la capital de estos vascones sudorientales.

Por circunstancias que ignoramos, Roma y los uaskones se llevaron bien. Hubo conquista y anexión, pero no eliminación de lo indígena. De esa manera podemos hablar de una civilización vascorromana, que abarcaría los conventus cluniense y caesaraugustanus de la provincia tarraconense y a la provincia de Novempopulania. Por supuesto ignoramos si estos pueblos que, nos consta, étnica y lingüísticamente eran similares, tenían conciencia de algún tipo de unidad, pero nos gustaria creer que sí y que a su conjunto le llamaban Euskal Herria, pero eso ya es historia-ficción.

No quiero dejar pasar la oportunidad de estas disquisiciones lingüísticas sin citar la similitud entre las palabras eusko y eguzki, sol, que a menudo aprece como ehuski y euski. Ahí lo dejo, no sin antes añadir que el antiquísimo lauburu es un símbolo solar.

Lo cierto es que Roma dio un sentido de unidad a estos pueblos, de manera que rechazaron a los invasores germanos, los cuales en otras partes del imperio fueron recibidos como libertadores. Prueba de ello es la carta del emperador Honorio a los pamploneses, datada en el año 418, fielmente conservada en el archivo real de Navarra durante siglos, junto a la genealogía de los linajes reales navarros. Por eso, así como el reino astur-leonés se consideró sucesor del visigótico, el uaskón fundará su legitimidad en la herencia de Roma.

Roma da a los pueblos uaskones un sentido político y de unidad que les permite sobrevivir durante siglos a los ataques de visigodos por el sur y francos por el norte, lo cual habría sido imposible conseguir sin una eficaz organización política y militar y, por supuesto, sin el citado sentido de unidad.

Todos estos pueblos, más latinizados unos, con influencias célticas otros, puramente euskaldunes la mayoría, constituyen la Uasconia altomedieval, que se extendía, teniendo como eje los Pirineos, desde el Garona al Ebro, rebasándolos en algunos puntos. Entidad política que fue capaz de pactar con los francos merovingios, con los que se aliaron en 507 para vencer a los visigodos en Vouillé.
Esta Uasconia es ya denominada Vasconia por los latinoparlantes y Wasconia por los germanos, de lo que deriva la actual denominación francesa Gascogne.

Así pues, el Reino de Pamplona surge en 823 de la voluntad de los vascones, basada en la necesidad, de dotar a Vasconia, de una entidad política que hoy llamaríamos estatal, tras la conquista por los francos carolingios de su parte norte, de los continuos ataques de los astures y de la situación de dependencia tributaria con respecto al emirato cordobés.

Es cierto que los carolingios diferencian, a partir de entonces, a los vascones dependientes de su gobierno, de los independientes, a quienes llama “nauarri”, navarros.
Es cierto también que el término Euskal Herria no aparece hasta el siglo XVI y que lo emplean incluso escritores –Axular, Oienart, Lizarraga que, en esos momentos, son todavía súbditos navarros. También, por cierto, Joan Perez de Lazarraga en la Llanada de Álava. ¿Se olvida “Euskaldun bat” de que entonces Navarra se reducía a un pequeño territorio al norte de los Pirineos? ¿De qué manera podían referirse al conjunto de los vascos, de la nación vasca? Lo que resulta extraordinario es que estos últimos navarros independientes no hubieran perdido su sentido de pertenencia a la nación vasca.

Quede claro que Ducado de Vasconia, Reino de Pamplona, Reino de Aragón y de Pamplona, Reino de Navarra, son sucesivas denominaciones de la misma entidad, el Estado de los vascos.
Creo que la única salida para que esta entidad, que con distintos nombres y diferentes grados de libertad, ha llegado hasta el siglo XXI tenga una continuidad hacia el futuro, es la independencia, es decir, la restauración de la estatalidad.

El autodenominado “Euskaldun bat” nos aconseja que “en vez de inventaros estados navarros con los que nadie se siente identificado”, debemos dirigir nuestra labor a “luchar contra las falsedades de UPN-PP-PSN y toda la historia navarra que han reinventado desde la transición”. Yo añadiría PSE.

Si pasamos a los consejos que nos da “Euskaldun bat”, podemos comprobar que no ha leído ninguna de las obras publicadas o reeditadas por Nabarralde. Si fuera así, seguramente muchas de sus dudas se aclararían.

Se equivoca también “Euskaldun bat” cuando dice que los dirigentes actuales de UPN descienden de los foralistas navarros que inauguraron el monumento a los fueros del paseo de Sarasate de Pamplona. No hay más que leer los textos que él mismo cita. Los dirigentes de hoy en día de UPN son simplemente neofranquistas, cuando no neofalangistas. Los que descienden de aquellos foralistas, más exactamente carlistas, son sus votantes. Habrá que tenerlo en cuenta. Esto también ya es otro tema.

Y, querido “Euskaldun bat”, por que a estas alturas ya te he cogido cariño, te equivocas rotundamente al suponer que existe “una cultura aragonesa que era propia solamente del extremo sur de Navarra”. Los de la Ribera, Erribehera, la Tierra Baja, son tan vascos como tú y como yo. Es un auténtico insulto, teñido de ese bizkaitarrismo aranista que tanto daño ha hecho no solo en Nafarroa, sino también en Araba y en Gipuzkoa, que afirmes que los navarros hablen “castellano con acento aragonés”.

Habrás de saber que existió una lengua, llamada romance navarro-riojano-aragonés, que fue desplazada tras la conquista por el castellano, y que se mantiene en la fabla aragonesa de los valles pirenaicos. Entre las cosas que se conservan de esa lengua, tan nuestra como el euskara, además de muchos giros sintácticos, está ese acento que a ti tan mal te suena.

“Euskaldun bat”, no te compliques la vida, Euskal Herria es nuestra nación y Navarra es nuestro estado, cuya independencia queremos recuperar.

Hay que aguantar que nos digas que aprovechemos mejor nuestro tiempo, ¿en qué empleas tú el tuyo?
Sin embargo creo que hablando nos podríamos entender.

Ondo izan.
Fernando Sanchez Aranaz
Arabako Nafarroarra bat

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