jueves, 8 de abril de 2010

Sin partidos en Nabarra

El día que descubrí, la primera referencia a Navarra como estado, deberá pasar a la historia de mi vida personal, como otro momento de cambio trascendental en mi pensamiento político.
El descubrir posterior de Nabarra y su historia contribuyo a reforzar, todas las teorías que durante años hemos defendido en discusiones de taberna y que por mi falta de conocimiento a menudo perdía. Admitir que esto era España, suponía para mí un trago amargo que mi interior no podía digerir.

Mis esperanzas de victoria, conquistar la independencia de Euskal Herria, solo se veían reflejadas en el escenario de unos resultados electorales que marcaran el poder de las opciones independentistas. Las elecciones o las posibles negociaciones de “paz “han sido los únicos espacios donde nos hemos podido medir contra el ocupante. El resultado es por todos sabido, no hemos obtenido nada de nada.
Esperar que desde dentro del sistema se pueda avanzar hacia la soberanía, es un error que ya se puede denominar histórico, porque a lo largo de nuestra historia lo venimos repitiendo sin cesar. Empecinarse en seguir manteniendo la participación en las instituciones que nos ofrece el estado ocupante, está dejando de ser un error para convertirse en una sospecha, que con lleva la pregunta:
¿Tenemos partidos independentistas en Euskal Herria?

El PNV como siempre ya ha tomado su camino, reforma del estatuto, seguir en España. En breve, iniciará los contactos con los diferentes agentes sociales, para convencerles de lo apropiado del plan.

Aralar, deseando que lleguen las próximas elecciones, para ganar votos a la izquierda abertzale y erigirse, según ellos, en la verdadera izquierda abertzale, todo ello con el consentimiento y congratulación del estado español.

Eusko Alkartasuna, en una deriva de votos permanente, que afortunadamente para muchos, les está forzando a tomar posiciones más radicales, que incluso les puede llevar a la ilegalización.
La izquierda abertzale, buscando la manera de colocar una marca electoral que les permita, llegar de nuevo a ayuntamientos y escaños parlamentarios.

En definitiva, energía y más energía, trabajo de mucha gente, desperdiciado. Priman las estrategias de partido, esclavos de las necesidades económicas que precisan las infraestructuras. Por eso el pensamiento se contamina y en vez de cumplir la función de un partido independentista nacido para derrocar al régimen, que debería dirigir todo su esfuerzo en entorpecer el funcionamiento de las instituciones invasoras, se convierten en corporaciones que equivocadamente colaboran en el funcionamiento de las mismas.

Los independentistas tiene la obligación ideológica que acabar con las instituciones impuestas y conseguir que el pueblo consiga la libertad. Trabajando, participando y colaborando con el ocupante se roza, tomando el diccionario y manual del independentista, algo parecido a la traición.

Si el llamado polo Soberanista, imaginemos, consigue presentarse a las próximas elecciones y consigue adjudicarse ayuntamientos, que al día siguiente decreten la independencia de Euskal Herria o la insumisión fiscal o la desobediencia civil o cualquier vía de no sumisión a las instituciones españolas, el camino hacia la soberanía habrá comenzado definitivamente.
Si por el contrario, participa en los ayuntamiento o parlamentos y aceptan los sueldos que los cargos políticos proporcionan, habremos tomado el camino del autonomismo, no el del independentismo y la pregunta tendrá respuesta, no tenemos en Navarra ningún partido independentista.

La independencia jamás se pide, se ejecuta. El derecho de Autodeterminación, no se pide, se ejecuta. Un estado no se pide, se ejecuta. (Estatalistas Navarros.)

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