jueves, 27 de enero de 2011

Democracia una falacia.

Koldo Lasarte, Usurbil Nabarra.

El término democracia es uno de lo más utilizados en el mundo occidental por parte de los Estados para justificar ante sus respectivos pueblos sus procederes, su esencia y razón de ser.
Además, es considerado por estos Estados como el único modelo exportable a otras civilizaciones y por ende a todo el planeta. Es el paradigma que legitima sus modelos de sociedad y la palabra que convierten en "mágica". Este se fundamenta principalmente en una persona un voto, en la "participación electoral".

Es el gran invento del siglo XX donde los dominantes, dentro de esas mismas sociedades, ostentan las máximas cuotas de poder que a continuación veremos que son totalmente totalitarias. Si realmente la democracia consistiría en el poder del pueblo para decidir, controlar, ejecutar y ser único sujeto político, llegaríamos a la conclusión de que el Estado es el pueblo con lo cual no existiría dentro del entramado estatal dominantes y dominados. El pueblo, como aparece redactado en las constituciones de los Estados, detentaría el poder soberano para regularlo. Se trata de una auténtica falacia, eso no es así.

La democracia no consiste en un "todo". No existen Estados democráticos como tal, ni en occidente ni en ninguna parte del mundo. Es un error considerar la democracia como un absoluto, como una acción que pueda políticamente "culminar".  
La democracia se basa y se mide según la relación de fuerzas continua e inagotable entre dominados, el pueblo, y dominantes, sujetos surgidos del pueblo que acaparan las cuotas de poder que son patrimonio del éste, concentrándolas en sus manos. Una minoría con capacidad de arrebatar el poder a toda una mayoría.
 Estos dos polos no se tendrían que necesitar para sobrevivir en la teoría, ya que el dominante sí necesita de dominados para existir pero el dominado podría prescindir del dominante, entonces ya no sería dominado y desaparecería esa relación.
 Al margen de la teoría que cada cual pueda hilvanar, la realidad es otra, muy diferente, y nos indica que esa relación dominantes-dominados forma parte de una estructura mental, de una lógica de la cual nos hemos dotado la mayoría de los seres humanos y no entendemos ni razonamos de otra manera que no sea la de aceptar que para que una estructura política tenga que coordinarse, ésta no pueda prescindir de "grupos diferenciados" dentro del grupo.
Asumimos el hecho de que para que el poder del grupo sea real necesitamos de una estructura vertical, que vaya de arriba-abajo. 
Dentro de ese planteamiento empezamos a falsear los hechos, dando cabida a pensamientos ilusorios como que desde abajo tiene que haber una especie de refrendo en cuanto a lo que dictaminen los de arriba. Cuando en realidad se ha cometido el error de aceptar esa relación vertical y desde ese momento es del todo imposible que eso no desemboque en totalitarismo. Es además curioso, que sea el de arriba el que dictamine y necesite obligatoriamente al de abajo para ejecutar.
Entre estos dos polos, ¿quien tiene realmente más poder? ¿El que dictamina o el que ejecuta? Un miembro del poder decisorio (un juez)? O un colectivo que quede proscrito por éste?

Nos podemos encontrar con "diferentes grados" de democracia. Que ésta sea más acorde con su significado depende de la acumulación de fuerzas, de violencia que pueda ejercer el sujeto dominado para alterar esa  relación y tomar parte en el control de decisión con capacidad de variar y condicionar el poder del sujeto dominante.
Si no tiene la más mínima capacidad para modificar esa relación de manera constante e ilimitada en el tiempo, agrandando su radio de acción, entonces el dominado deja de ser sujeto para pasar a ser objeto.

Y ahí subyace el error: el pensar de que los resortes del poder provienen de manera unidireccional: del dominante hacia el dominado. El hecho de que la situación perdure de ese modo, sólo es conveniente para la clase dominante, no en cambio, para la dominada.
 Si de la clase dominada surgiese un colectivo que tuviese la capacidad para revertir esta situación, y atesorará el poder suficiente para hacer estallar este circuito, implantando un nuevo modelo de interrelación de poderes, la clase dominante pondría inmediatamente en marcha su maquinaria para recuperar e integrar dentro de su espacio a ese peligro potencial, que ingresaría en el club "selecto" de los dominantes.
En caso de encontrar resistencia por parte de ese colectivo, que optase por no aceptar la integración en dicho club y seguir con su actuación a través del desarrollo de su estrategia, entonces la clase dominante activaría ipso-facto sus mecanismos de violencia, eliminando físicamente, aniquilando, al colectivo que pone en riesgo extremo su propia existencia.
 Esta situación la hemos vivido en carne propia, dentro de la realidad de nuestro Estado, cuando los Infanzones que se reunían en Obanos (los cuales mencionaremos más adelante), y aunque no fuesen propiamente dicho clase dominada debido a su capacidad de acumulación de poder real pero tampoco clase dominante, fueron exterminados por poner en riesgo con sus actuaciones el sistema político imperante de una clase dominante sobre una dominada.
 El Estado puede permitir fluctuaciones y cambio de poderes dentro de su concepto del poder. Lo que no va a permitir es que se altere lo que él considera que es la esencia y la razón de ser del poder como él lo concibe.

Pero claro, los tiempos evolucionan y los pueblos tienen cada vez más acceso a la educación y a la posibilidad de cultivarse en todos los órdenes. Poseen herramientas que si son bien utilizadas pueden convertirse en auténticas armas que desafíen, con acciones de índole política, la autoridad de los sistemas totalitarios. Entonces el Estado, cuya clase dominante dispone de medios de poder muy importantes, intentará engañar a esos pueblos con esas mismas herramientas, evitando en lo posible tener que utilizar la fuerza, la violencia. 

 
Amortizarán de la mejor manera que les sea posible, el que el pueblo se auto-organice y pueda prescindir de una élite que le ha usurpado el poder. De ahí se explica el "derecho universal democrático" de poder votar. Para ello crean estructuras, tales como partidos políticos o sindicatos, que en la práctica sustituyan una auténtica organización popular del sistema político.
 La voluntad popular queda así "expresada" a través de estas maquinarias controladas por las capas o "capos" dominantes. Quedando relevado del todo cualquier atisbo de participación real de las clase dominada.
 Ejemplos los tenemos, como en Francia, donde el pueblo decide no refrendar la constitución europea en contra de las orientaciones de los dos partidos que aglutinan al casi "cien por cien de la población(???)". Entonces recurren al parlamento. Como éste, a través de los partidos políticos, es la "máxima expresión" de la voluntad popular, y el órgano donde queda "plasmada" la soberanía del pueblo, si éste se vuelve revoltoso, no pasa nada: constitución aceptada vía-parlamento! Y al pueblo que ni se le ocurra denunciar que su soberanía ha sido secuestrada por una banda de impostores, ya que él mismo ha aceptado de antemano que eso sea así. Y si empieza a pensar por sí mismo, tranquilos, que tenemos los tanques y el resto de la parafernalia "disuasoria" bien engrasada, para "educarlos" y para que vuelvan al redil de nuestra "democracia perfecta", que para sí quisieran todos los bárbaros incivilizados instalados en otros hemisferios con sus culturas inaceptables...

Ante la inminencia de la reactivación de un nuevo Estado, en este caso el nuestro, el Estado europeo de Nabarra, al cual yo aspiro, abogo por que la gran mayoría de nuestro pueblo se convierta en un ente semejante a lo que fueron y supusieron los Infanzones de Obanos.
 Fueron una auténtica fuerza de choque para frenar los desmanes de una clase minoritaria y ávida de poder, que en sus manos acababa siempre corrompido. Hago mío el lema de los Infanzones: "Pro Libertate Patria Gens Libera State": Para que el Estado sea libre, sus gentes deben ser libres. Para que las gentes sean libres, su Estado debe ser libre.

Alguien puede pensar, que de este escrito se desprende que el Estado es algo intrínsicamente malo. Nada más lejos de la realidad, es un mal necesario, si no quieres el tuyo, tienes al otro.
Al día de hoy es la estructuración política de la que se dotan todos los pueblos del planeta. Este texto sólo pretende aportar elementos para el debate sobre la interpretación del término democracia y de que manera se utiliza y tergiversa según las "conveniencias" de cada cual.
 A nosotros, nos conviene convertir este término, en la práctica, en sinónimo de libertad. El poder esta, siempre, en el pueblo. Que sepa organizarlo y administrarlo es condición ineludible para ser libre. Por consiguiente, tiene que mantenerlo y nunca debe entregar las posiciones previamente conquistadas.  

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