viernes, 24 de enero de 2014

LOS CONCEJOS/BATZARRAK: ¿RESIDUOS DEL PASADO, O HERRAMIENTAS DE FUTURO?


El concejo o batzarre, entendido como asamblea abierta de los vecinos de un lugar, hunde sus raíces en la noche de los tiempos, y se ha manifestado de maneras muy diferentes y con denominaciones muy diferentes en la historia de Euskal Herria (anteiglesia, parroquia, vésiau, Universidad….).
A su vez, ha estado en la génesis de instituciones mucho más “lustrosas” que se han sucedido durante los siglos: cendeas, parzonerías, montes pro-indivisos, seles, brazo de las “Buenas Villas” en las Cortes del Reino de Navarra, Juntas Generales, Biltzar (Lapurdi), Silviet (Zuberoa)… ¡y también fuera del Zazpiak Bat! El concejo, siempre olvidado, pero siempre presente.
En sus diversas denominaciones, todas las instituciones concejiles comparten unos principios comunes que resumiríamos en el concepto de COMUNIDAD y que poco tienen que ver con los valores imperantes en la actualidad:
  • la tierra (“el comunal”) como garantía común vs la tierra como mercancía
  • la aportación personal (vereda=auzolan vs monetarización de las relaciones personales)
  • la “vecindad” como garantía de estabilidad vs globalización
  • democracia directa y participativa vs democracia representativa y partitocrática

Evidentemente, no se pueden soslayar las dificultades existentes para la recuperación del batzarre, como la población masivamente urbana, el individualismo y la pasividad política dominantes, el desconocimiento generalizado de esta forma de organización, o la preeminencia, en la generación de riqueza y rentas, de otros factores productivos por encima de la tierra.
Pero no es menos cierto que el batzarre y el comunal, debidamente actualizados, reúnen muchos elementos válidos para la elaboración de alternativas ante los grandes desafíos a que hoy nos enfrentamos en el ámbito nacional y en el socio-económico:
  • uso de aportaciones en forma de trabajo o permuta en lugar del dinero, reduciendo así la exposición general al dinero y, por tanto, al crédito.
  • proyectos cooperativos locales –al menos en su génesis- en los distintos sectores económicos, reduciendo la dependencia, como tradicionalmente ha hecho el comunal.
  • una organización participativa con control de sus recursos económicos hace imposible la concentración de poder político o económico que está en la raíz de toda corrupción.
  • ante la previsible (acepto apuestas….) cerrazón de Madrid y París a una relación bilateral o un reconocimiento de derechos, la necesaria recuperación de un Estado vasco sólo será posible con una institucionalización y una economía plenamente propias.

Y todo esto ya lo hemos aplicado a lo largo de nuestra historia, mediante el concejo o batzarre. Es ilustrativo (¿o sorprendente, acaso?), en este punto, que los partidos abertzales hayan dado, tradicionalmente, poca trascendencia a esta institución en comparación con otras, más ligadas éstas a la fragmentación del país que a su pleno autogobierno.
En definitiva, así como en 2012 el 500 aniversario de la Conquista de la Alta Navarra puso de manifiesto que la historia política del pueblo vasco es bastante más antigua y compleja de lo que se nos ha hecho creer tradicionalmente, el vigente ataque a los concejos debe hacernos conocer e impulsar este eslabón, esencial y desconocido, de nuestra cultura política, que no sólo no es el residuo folklórico de un romántico pasado, sino que se perfila como instrumento vivo y clave en la construcción de nuestro futuro como pueblo.

IÑIGO GLEZ. RUIZ DE LARRAMENDI